“Quizás el hecho de que [el sello] Rough Trade quebrara y, por ende, los discos fueran inconseguibles durante años ayudó a cultivar la mística”, cuenta Dean Wareham sobre el culto alrededor de Galaxie 500, el grupo en el que cantaba y tocaba la guitarra, en un libro de historia oral dedicado a la banda.
Un resumen rápido arroja que el proyecto existió apenas cuatro años, entre 1987 y 1991: tiempo suficiente para publicar tres discos profundamente influyentes y considerados piedra angular del dream pop y antecedente obligado al hablar de slowcore. Today, On Fire y This Is Our Music forman una seguidilla insuperable de álbumes que, como bien señala Wareham en el libro Temperature’s Rising, encontraron a su audiencia de a cuentagotas.
“Antes de nosotros, el dream pop no existía -cuenta Dean Wareham en conversación con Indie Hoy durante su reciente visita a Buenos Aires-. No existía esa palabra. También somos comparados con el shoegaze, pero no sonábamos shoegaze: esas bandas estaban empapadas en reverb, mientras que Galaxie 500 era bastante más concreta. Las voces sonaban más fuertes, más claras, y cada uno de nosotros tocaba algo que podías distinguir. Así que no éramos shoegaze”.
La banda se completaba con la bajista Naomi Yang y el baterista Damon Krukowski, sin olvidar al productor Mark Kramer, a menudo considerado su “cuarto miembro”. Tras la separación no hubo reuniones ni intentos de continuar con otros integrantes: todos entendían que aquello que ocurrió en ese trío fue especial e irrepetible. No hubo esfuerzos por manchar ese legado: cada uno siguió su propio camino artístico.
Casi cuarenta años después de su fundación, el pasado 12 de mayo, en el Niceto Club, las canciones de Galaxie 500 sonaron por primera vez en un escenario argentino. Dean Wareham —el integrante que mantuvo la actividad musical más constante, con proyectos como Luna y Dean & Britta— llegó al país con un show anunciado como un repaso de toda su carrera, incluida su etapa en Galaxie 500.
A diferencia de su visita anterior —en septiembre de 2001, cuando se presentó con Luna en La Trastienda—, el setlist de Niceto se sintió como un verdadero regalo para el público local, que llevaba décadas esperando escuchar estas canciones en vivo. Desde la apertura con «Flowers» hasta el cierre con «Tugboat» y el cover de «Ceremony», pasando por «King of Spain» y «Blue Thunder», el repaso fue contundente.
A su lado estaba la siempre magnética Britta Phillips -encargada de las inconfundibles líneas de bajo y de aportar su voz dulce- y Roger Brogan -baterista de Sonic Boom-. También hubo espacio para temas de Luna -como «Friendly Advice» y «23 Minutes in Brussels»- y para «Dear Betty Baby», una de las canciones incluidas en su más reciente disco solista, That’s the Price of Loving Me.
En la antesala del show, Wareham conversó con Indie Hoy sobre la idea de que Galaxie 500 sea considerada una banda pionera del dream pop y sobre la influencia que ejerció en otros proyectos. “Galaxie 500 era una banda que sonaba extraña. No éramos realmente slowcore, pero después de nosotros aparecieron las bandas slowcore: Low, Codeine y Bedhead. Creo que en esas tres bandas se puede escuchar la influencia de Galaxie 500 y, al mismo tiempo, no se parecen en nada a Galaxie 500”.
Más de tres décadas después de aquellas grabaciones, las canciones de Galaxie 500 siguen revelando un misterio difícil de traducir. En Niceto, ese fulgor quedó suspendido por un tiempo. Wareham y Phillips no solo repasaron un legado; también confirmaron que, aun lejos de su tiempo y de su ciudad, el culto secreto alrededor del dream pop sigue vigente.